
María Cerda, de 33 años y madre de cinco hijos, denunció ser víctima de violencia de género por parte de su expareja, con quien convivió durante 12 años en el barrio Colonia Rural Nueva Esperanza. La mujer decidió abandonar la vivienda y refugiarse en condiciones precarias tras reiterados episodios de agresión y amenazas, pese a haber presentado más de veinte denuncias en fiscalía.
La víctima relató que debió mudarse junto a sus hijos a una casilla de madera forrada con nylon, ubicada en un descampado, luego de que su agresor ingresara en su vivienda a pesar de existir consigna policial. Según sus declaraciones, el hombre violó reiteradamente las medidas de restricción y continúa hostigándola sin que se concrete la colocación de una tobillera electrónica que fue solicitada por la justicia.
Cerda aseguró que el agresor la sigue amedrentando y persigue con mensajes intimidantes, mientras la policía aún no logra ubicarlo para imponer el dispositivo dual de control. En más de una ocasión, el hombre irrumpió en la vivienda a través de ventanas, incluso amenazando a los niños para que no hablaran de lo que ocurría. La mujer manifestó que esta situación la obliga a vivir en constante alerta y bajo custodia policial.

La madre denunció que su expareja no solo ejerció violencia física contra ella, sino también contra uno de sus hijos mayores, a quien golpeaba con frecuencia. Relató además que el hombre vendió pertenencias de la familia y los dejó sin recursos, lo que agravó su situación económica. Actualmente, sobrevive únicamente con lo que pudo rescatar en su huida: ropa, colchones y algo de mercadería.
La gravedad de las amenazas incluye episodios recientes en los que, según Cerda, el agresor llegó acompañado de otras personas e intentó agredir a la custodia policial que la protegía. La mujer remarcó que su situación es insostenible y teme que el hombre pueda prender fuego la casilla donde vive actualmente con sus hijos, ubicada en un terreno del IPVU.
“Necesito que la justicia se ponga en mi lugar y actúe de inmediato”, reclamó Cerda, quien aseguró no poder dormir ni descansar por el constante hostigamiento. Sus hijos, según dijo, también padecen el impacto emocional de la violencia y sufren alteraciones del sueño y miedo permanente. La madre subrayó que sus menores crecieron presenciando las agresiones y amenazas.
La orden de paradero dictada por la justicia aún no logró detener al agresor, lo que permite que continúe circulando libremente mientras la víctima permanece bajo protección permanente. Cerda calificó la situación como una muestra de la falta de respuestas rápidas y concretas por parte de los organismos judiciales y policiales encargados de garantizar su seguridad.
La mujer insistió en que su caso refleja la urgencia de reforzar los mecanismos de protección para víctimas de violencia de género, que muchas veces quedan desamparadas pese a múltiples denuncias previas. Expresó que su único pedido es poder criar a sus hijos en paz, sin temor a nuevas agresiones ni a represalias por parte de su expareja.